Enemigos de la comunicación (I): El estilo PowerPoint

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Foto: 38/365 Puzzled | Mykl Roventine

Los programas, instituciones y agencias desperdician cientos de miles de dólares al año —sin mencionar las semanas y meses completos de esfuerzo y talento— en montañas de publicaciones que nunca son leídas más allá del resumen ejecutivo o que sencillamente no cumplen su función de comunicar un mensaje. Las razones del fracaso a menudo son simples. La más común de todas: uno de los enemigos de la comunicación pasó desapercibido.

Este artículo es la primera entrega de una serie sobre las ideas y prácticas enemigas de una comunicación efectiva, es decir, que llegue a quien tiene que llegar y que sea entonces comprendida.

Cuando PowerPoint salió al mercado para Mac, vi la gloria, no me avergüenza (demasiado) confesarlo. Era una herramienta muy prometedora para informar, educar y presentar ideas. Pocos años después, deseaba con todas mis fuerzas que jamás se hubiera inventado. Este programa cambió por completo la forma de expresión escrita y hasta de pensamiento de sus usuarios. Impantó el estilo PowerPoint a la hora de comunicar.

El estilo PowerPoint es mi forma de llamar al tipo de escrito mecánico, maquinal, sin vida y muchas veces hasta carente de secuencia lógica, congruencia e hilación. Es escribir algo que NO es una presentación de PowerPoint como si lo fuera. Es pensar en viñetas. Es escribir para uno mismo, sin la menor idea de quién está al otro extremo de una línea de comunicación. Es, muchas veces, disfrazar de “síntesis” la falta de contenido relevante o el total desconocimiento de las herramientas de redacción más elementales.

Escribir de manera esquemática un borrador o un índice no tiene nada de malo. El pensamiento y la comunicación organizada, mucho menos. Pero cuando la respuesta a la pregunta “¿para quién escribo esto?” es no lo sé o “para todo público” (para nadie en particular) allí es precisamente donde llegará esa comunicación: a ninguna parte.

Los seres humanos no conversamos en viñetas, no subtitulamos ni ilustramos con clip-art verbales nuestras anécdotas. Nos comunicamos con otros seres humanos, con nombre y apellido, o al menos con un rostro. La forma por excelencia es la palabra hablada. Así, cuanto más se acerca una comunicación a esa forma, mejor será recibida y comprendida. Cuanto más se aleja, más difícil que cumpla su cometido.

No importa lo “bonitas”, “modernas” o “interesantes” que sean las publicaciones. Cuando no comunican, jamás llegan a alcanzar su objetivo.

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