La ley opina que M. Quiroga es “una persona física”. Lo cual es absurdo: lo que somos realmente, como personas, de físico tiene muy poco. Según los usos y costumbres de la profesión, soy una freelancer; lo he sido por más de 20 años. Esto suena un poco mejor, emocionante incluso. El diploma universitario que nunca llegué a enmarcar dice que soy diseñadora gráfica. Aunque el título me honra, definitivamente no limita lo que soy.

Algunos de mis clientes me consideran una artista; esto lo valoro como el honor supremo. Otros piensan (nunca me lo han dicho, pero no ha sido necesario), que soy una especie de contrincante que, por suerte para ellos, casi siempre se sale con la suya.

Soy una comunicadora interesada en una sociedad mejor.

Vivo y trabajo hace muchísimos años en la hermosa ciudad de Santo Domingo, República Dominicana.

Mi taller, lamentablemente, no huele a disolventes ni a pigmentos recién preparados. Hace muchos años que no se oye el sonido casi imperceptible del lápiz de dibujo sobre papel, ni el de la gubia sobre un bloque de madera. Nunca se escuchó el tac-tac del cincel sobre la piedra, ni el estruendo de una prensa a toda máquina. Únicamente, el teclear de día y de noche que sólo calla en los momentos en que le llega el turno al ratón, al café o a la lectura. Mi taller es una Home Office del siglo XXI. Las herramientas del oficio, una iMac con tres periféricos.

Mis clientes, en su mayoría provienen de organizaciones y proyectos de desarrollo, locales e internacionales.

Eso es todo por mi parte y por ahora. Te doy la bienvenida a mi sitio web.

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